El derecho a una vivienda digna y adecuada
Cáritas Diocesana de Valladolid defienda el derecho a una vivienda digna y adecuada
Seguro que los lectores y lectoras del Boletín Autonómico, desde vuestras Cáritas Diocesanas, también estáis asistiendo al gran reto que supone acompañar a las personas que se encuentran en situación de sin hogar o de exclusión residencial.
Recientemente a una familia acompañada por Cáritas Valladolid la pidieron en el barrio de la Rondilla (uno de los barrios que tiene los alquileres más bajos) 460 € mensuales por el alquiler de una habitación.
A nuestros servicios acuden familias que tienen que dedicar más de un 70% de sus ingresos para pagar una habitación, que tienen que convivir con otras familias en idénticas situaciones, pero que, en esas circunstancias, poder disponer de 10 minutos del cuarto de baño es un auténtico lujo ¿es esto forma de vivir?
Por ello, en Cáritas Diocesana de Valladolid estamos dedicando este curso a reflexionar sobre el DERECHO A UNA VIVIENDA DIGNA Y ADECUADA. Ya sabemos que no hay una fácil solución y que no depende sólo de nosotros, pero como entidad de Iglesia, como comunidad ante esta realidad, no debemos (ni queremos) mirar para otro lado.
Este camino lo estamos haciendo a través de unos pasos que os resultaran conocidos: El Ver, Juzgar y Actuar.
Desde Cáritas Diocesana de Valladolid defendemos la casa, el hogar, la vivienda no como una inversión económica, sino como un derecho humano, necesario para la vida en dignidad plena. La vivienda es un espacio vital, imprescindible para la socialización, para ser parte de una sociedad, es decir, es un factor de inclusión social de primer orden.

La exclusión residencial presenta diferentes dimensiones que impactan en la calidad de vida de las personas que la sufren y que genera un impacto en muchos ámbitos de su vida y de su historia vital (salud, educación, relaciones, desarrollo de capacidades).
Para conocer (ver) esta realidad con los ojos de las personas y familias que acompañamos, durante el mes de noviembre realizamos un pequeño estudio sobre la vivienda. No podemos extrapolar datos pues la muestra no fue significativa, pero si nos deja pistas sobre su realidad.
Las dimensiones de la exclusión residencial, es decir, los factores que, aun disponiendo de una vivienda, (en este caso no incluimos a las personas sin hogar, máxima expresión de la exclusión residencial) esta no está cubriendo sus necesidades ni cumpliendo las funciones sociales o el papel integrador que le corresponde, son:
- Económicos: la asequibilidad económica, es decir, el poder hacer frente al coste que supone la vivienda, bien a través del pago de una hipoteca o alquiler. La mayoría de los estudios coinciden en que el coste de la vivienda no debería superar el 30% de los ingresos de la unidad familiar. Bueno pues en esta situación solo se encuentra el 18% de las personas que han participado en el estudio y que si tienen gastos relacionados con la vivienda.

Hay un 31% que estarían en una situación de riegos, pues dedican entre el 30% y el 50% de los ingresos al pago de la vivienda, pero lo más grave es que el 51% se encuentran en situaciones límites. Si en esta ecuación incluimos los gastos relacionados con los suministros del hogar la realidad es aún más cruda.
- La habitabilidad: las condiciones en las que se encuentra la vivienda. Son factores relacionados con la salubridad de la vivienda. Lo hemos medido preguntando por las deficiencias que presenta la vivienda.
En el caso de los participantes que han colaborado en el estudio de Cáritas Valladolid, si bien es verdad que casi un 47% de las personas no manifiestan tener deficiencias graves en sus domicilios o no contestaron a esta pregunta, el otro 53% si vive con situaciones no deseadas.
Entre las deficiencias citadas encontramos:
Relacionada con esta habitabilidad también les preguntamos si los problemas que tienen con la vivienda les generaba algún tipo de problemas de salud. Como bien imagináis el resultado es que un 44% de las personas han dicho que los problemas que tienen en sus viviendas les han originado dificultades de salud, relacionados con:
- La inseguridad en la permanencia que causa: angustia, tristeza, depresión.
- La falta de habitabilidad: humedades, fríos que originan múltiples problemas de salud.
- El aumento constante de los precios que provoca tensiones, ansiedad, insomnio, mal estar, estrés.
La inseguridad o inestabilidad: es la posibilidad de permanecer en la vivienda, de poder disfrutar los beneficios integradores de forma prolongada o permanente. Vivir con la angustia de no saber cuánto tiempo vas a poder permanecer en esa vivienda es un elemento desestabilizador, e incluso bloqueador, de cualquier proyecto vital.
Para valorar esta inseguridad les hemos preguntado a los participantes en cuantas viviendas han residido en los últimos 10 años. La media del número de viviendas que sale en el estudio es de 3 viviendas (2,7 viviendas), lo que equivale a tener que hacer una mudanza cada tres años y un trimestre.
Hay un 31% de los participantes que han residido en la misma vivienda durante los últimos 10 años (de estos el 60% son personas mayores de 55 años). Si excluimos a este grupo, la media de cambios de hogar se eleva a 3,5 viviendas. Sí, estáis leyendo bien: se han mudado cada 34 meses de casa, cada 2,8 años.
Pero además hay que tener en cuenta que el 13,3% de los participantes en el estudio han tenido que mudarse más de 7 veces en los últimos diez años.

- El entorno y el acceso a los servicios. La existencia en la zona de centros de salud, educativos, transporte público, espacios de encuentro o el grado de conflictividad social del barrio son factores que van a influir en nuestra historia vital.
A este respecto, recalcar uno de los datos ya presentados:

El 11% de las personas participantes en el estudio señalaron vivir en entornos con falta de servicios, un 8% en entornos degradados y finalmente un 8% considera que reside en un barrio conflictivo.
En el estudio no pudimos profundizar en esta realidad. pero sería muy interesante conocer cuál es la visión a este respecto de las personas que residen en los entornos rurales de nuestra comunidad.

En el último estudio publicado por la Fundación FOESSA en diciembre de 2024 “La sociedad del riesgo: hacia un modelo de integración precaria”, se explica que «la evolución de los procesos de exclusión social en su conjunto presenta una tendencia favorable, pero esto no es así en todos sus aspectos. Los indicadores de exclusión del empleo presentan su balance más positivo, afectando al 14% de los hogares en 2024» mientras que «los indicadores de exclusión residencial, que habían mejorado bastante en 2018 tras recuperarse del fuerte impacto de la crisis financiera, han empeorado significativamente, tanto en su incidencia en el conjunto de la población, como específicamente en los sectores excluidos. Casi 9 de cada 10 personas en situación de exclusión social severa tienen problemas graves en su vivienda» Es decir, encontrar y mantener una vivienda es una tarea difícil para toda la población, pero como siempre mucho más para aquellas familias que se encuentran en situaciones de exclusión social.
Podemos decir, para terminar, que con nuestro “sencillo” estudio confirmamos que para las personas acompañadas por Cáritas Valladolid, que han participado en el proceso, la situación respecto a la vivienda es muy difícil: el 75% llega a final de mes con dificultades.




